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“SILENCIO DE LAS MUJERES Y MUJERES SILENCIADAS: LA NECESARIA INCLUSIÓN EN EL DEBATE SOBRE DESARROLLO SUSTENTABLE”


Por Ximena Valdés (*)

Publicado en Le Monde Diplomatique
Junio, 2016

http://www.academia.cl/comunicaciones/columnas/silencio-de-las-mujeres-y-mujeres-silenciadas-la-necesaria-inclusion-en-el-debate-sobre-desarrollo-sustentable

Hace un tiempo dirigí una Tesis de Maestría sobre la Papa nativa de Chiloé. Desde entonces no he dejado de pensar en el papel silencioso que han tenido las mujeres del campo en preservar los “bienes comunes” de la sociedad, en este caso, las semillas.

La autora de dicha Tesis, basada en numerosas entrevistas a chilotas y chilotes, señalaba que la semillas de las papas nativas que comprendían muchas variedades originarias del archipiélago comenzaron a perderse cuando por allá por la década del sesenta llegó a las islas el Instituto de Desarrollo Agropecuario –INDAP- con nuevas semillas de papas, más grandes, más redondas, más uniformes, más comercializables. Estas semillas por cierto no venían solas sino amarradas al paquete tecnológico que se difundió universalmente con la “revolución verde” a objeto de aumentar la productividad agrícola y dar salida a los insumos industriales para la agricultura tales como fertilizantes y productos químicos para combatir las plagas. Fue entonces cuando las chilotas se fueron a los bosques, y a pala y azada, continuaron con la siembra de papa nativa. No obstante, con el tiempo las semillas tendieron a escasear pues el resguardo que encabezaron las mujeres escondidas en los claros de bosque no mantuvo las semillas para todas las agricultoras chilotas. Aunque la papa nativa persistía en la memoria colectiva de los chilotes hubo quienes décadas después quisieron cultivarla pero no pudieron. Fue entonces cuando una joven le preguntó a su abuela como conseguir esta semilla que sembraban los antepasados. La abuela le respondió más o menos lo siguiente: “vaya al cementerio, allá en Osorno y ahí encontrará la semilla”. Prácticas antiguas de enterrar a los muertos con alimentos hicieron entonces posible la reproducción del capital genético que se perdía en las islas.

Parece importante hablar de las mujeres del campo y del papel que han tenido en preservar prácticas culturales que un tipo de desarrollo ha tendido a borrar. Pero la historia no es lineal y la idea de progreso ha sido cuestionada desde los debates sobre la soberanía alimentaria hasta aquellos que cuestionan las modificaciones genéticas a las semillas y promueven el desarrollo de los transgénicos.

Monsanto por ello está en la mira de organizaciones de mujeres como la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, ANAMURI y otras tantas organizaciones latinoamericanas que se reclaman “curadoras de semillas” y defienden un lugar en la preservación de un capital genético expropiable por las grandes firmas trasnacionales. Estas organizaciones favorecen “el intercambio de semillas entre mujeres” para contribuir a su reproducción y a la autonomía de las productoras de un mercado que favorece la venta de semillas que por su carácter híbrido no se pueden reproducir.

El ejemplo de resistencia de las chilotas a la pérdida de la semilla de la papa nativa que hoy por el desarrollo de nuevos hábitos alimentarios tiene un amplio mercado en nichos urbanos, no se refleja en el papel actual de las mujeres chilotas en la resistencia de la isla. Agricultoras, pescadoras y recolectoras de orilla, recolectoras de algas, artesanas, rederas, asalariadas en la industria del salmón no han tenido ninguna presencia en las negociaciones de los pescadores con los poderes públicos ante la crisis que ha producido -no sabemos si la marea roja o la eliminación de los salmones muertos en el mar o ambas a la vez-, lo cual ha producido el reclamo de organizaciones de mujeres. Siglo XXI: silencio de las mujeres en el proceso de resistencia territorial chilote diferente al silencio que debieron mantener cuando ellas guarnecieron en los claros del bosque las semillas de la papa nativa.

Se entiende que la sustentabilidad parte del principio de que el logro del bienestar para las generaciones actuales no debería arriesgar el logro del bienestar para las nuevas generaciones. Supone entonces condiciones económicas, sociales, ecológicas y políticas que permitan el funcionamiento armónico de la sociedad a lo largo del tiempo y el espacio. En la página web Amartya se lee que la armonía debe involucrar a la relación entre hombres y mujeres y a la relación entre la población y el medio ambiente. No puede haber sustentabilidad en una sociedad cuando la riqueza de un sector se logra a costas de la pobreza de otro, cuando unos grupos reprimen a otros, cuando se están destruyendo los bienes comunes, cuando las mujeres son desconocidas, cuando no hay redistribución del poder económico y político entre los distintos grupos que componen la sociedad.

El camino al desarrollo sustentable lo han pavimentado muchas mujeres. En un tiempo de territorialización de los conflictos sociales, ambientales y políticos, por ejemplo mujeres diaguitas lograron frenar a Barrick Gold en el Alto Huasco; ante la apropiación del agua por parte de las agroindustrias, numerosas mujeres participan en organizaciones de defensa del agua. Así al interior de un caleidoscopio de resistencias territoriales ante un modelo de desarrollo extractivista, las mujeres tienen un lugar tal como correspondió al lugar que tuvieron en la conservación de una semilla que pudo perderse.


(*) Ximena Valdés S. Geógrafa, Dra. Estudios Americanos, CEDEM/Univ. Escuela Geografía, Academia de Humanismo Cristiano.